Artículos publicados

Herramientas de Control Parental

Los padres tenemos miedo de que nuestros hijos accedan en Internet a contenidos poco adecuados para su edad o madurez y a que puedan conocer a personas que se acerquen a ellos con intenciones deshonestas. Tampoco queremos que estén expuestos al acoso escolar por parte de compañeros o personas cercanas. En este artículo veremos qué aproximaciones podemos tomar para protegerlos.

Del mismo modo que cuando salen de casa queremos saber a dónde se van, con quién, a qué hora volverán y qué es lo que van a hacer, en Internet, debemos plantearnos las mismas cuestiones.

Parece que hoy en día, por querer proteger a nuestros hijos y estar bien informados de lo que hacen, no somos buenos padres, si no que se defiende o alienta la idea general de que estamos inmiscuyéndonos en su vida privada y personal.

Si no recuerdo mal, hasta los catorce años nuestros hijos están totalmente y en todos los aspectos bajo nuestra custodia y por decirlo de alguna manera “no tienen más derechos que los que nosotros queramos darles”. Que debemos respetarlos es cierto, pero que los menores de hoy en día gozan a veces de demasiada libertad e incluso la exigen, también. Nunca olvide recordarles que usted como padre, es responsable de los daños que causen, precisamente por ser ellos menores.

Como decía mi padre, “prefiero que el día de mañana me recrimines mi celo, que tener que ir a verte al cementerio o culparme todos los días por haber abierto demasiado la mano”.

En cualquier caso, lo que aquí vamos a explicar no es como espiar a nuestros hijos o como vulnerar sus derechos. Los padres tenemos derecho a educarlos según nuestra ideología, principios y valores, y lo que para unos puede ser excesivo o intrusivo, para otros puede no serlo. Por eso daremos herramientas que se adapten a las necesidades de cada familia y a su manera de ser, porque los padres no podemos educar en unos valores o unas normas en las que ni nosotros mismos creemos, sobre todo cuando nuestros hijos nos presionen y nos pongan a prueba, cosa que pasará muchas veces.

 

Sistema 1: Autocontrol por parte del menor

Cuando pensamos en protegerlos en Internet, surgen diversas aproximaciones, la primera es la de que ellos puedan auto gestionarse, es decir, que sepamos lo que hacen, pero que no les prohibamos nada y sean ellos con su sentido común los que se comporten adecuadamente. Esto desde luego sería aplicable a adolescentes de dieciséis años en adelante, o a chavales que no desobedezcan nunca las pautas que les hemos marcado en su educación hasta ahora. En este caso, el menor tiene acceso completo a Internet, pero si termina en páginas con contenidos desagradables o moralmente reprochables, el menor abandonará voluntariamente la página y los contenidos con ellas relacionados. O puede ser que intente entrar en una página no deseable y que un programa en el ordenador le recomiende no hacerlo, aunque no se lo prohíba. El menor podrá entrar, pero el programa le pedirá una justificación que será enviada a sus padres posteriormente por email. Los padres sabrán que su hijo ha accedido a dicho contenido, pero recibirán la justificación del menor y si no están de acuerdo, podrán hablarlo posteriormente en casa e incluso prohibir el acceso a dicha página.

Este es el sistema más abierto de protección, donde los padres confían plenamente en el menor. Hemos de hacer notar que este sistema permitirá ver al chaval todos los contenidos y puede suceder que para cuando el menor cierre la página haya visto ya acciones que pueden afectar a su sensibilidad o determinar sus acciones en un futuro cercano para bien o para mal. Y tampoco debemos desdeñar la tendencia natural que todos tenemos a la curiosidad, ¿Quién no abrió de pequeño un regalo de cumpleaños antes de que llegara la fecha del mismo tras descubrir donde lo guardaban nuestros padres?, o al menos, tocarlo, para intentar averiguar por la forma lo que podía contener el paquete.

Personalmente creo que este sistema es aconsejable solo para casos muy concretos y con adolescentes maduros, más cercanos a la mayoría de edad que a la pubertad.

Los programas que podemos emplear aquí son gratuitos o de muy bajo coste (un dólar al mes), y a cambio veremos los usos que nuestro hijo da a Internet, incluso veremos qué programas emplea con más frecuencia o cuánto tiempo dedica a cada uno de ellos. Así sabremos si juega mucho y solo abre el Word para cubrir las apariencias, o realmente teclea en él los trabajos de clase.

Sistema 2: Prohibir contenidos

Es el sistema más habitual. Los padres no desean que sus hijos accedan a páginas web con escenas sexuales, violentas, machistas, xenófobas o relacionadas con la bulimia o la anorexia. Para ello se instala un programa en el ordenador que no permite acceder a los contenidos que nosotros digamos. El programa se encarga de decidir en qué categorías entra un determinada página web, por ejemplo si es categorizada como violenta y con sexo, y a nuestro hijo le hemos prohibido las páginas violentas, no podrá acceder a dicha página.

Estos programas a veces categorizan los contenidos de dichas webs mediante algoritmos inteligentes, o nos permiten establecer una lista de palabras no admitidas, de modo que si aparecen en la página web, los menores no tendrán acceso.

Sin embargo, lo más habitual es que las propias páginas que no son para todas las edades, se categoricen ellas mismas con etiquetas que explícitamente dicen el tipo del contenido. Uno de estos sistemas son las etiquetas ICRA, aunque hay otros. El programa que controla el acceso a los contenidos revisa la etiqueta de la página para ver si hemos permitido o no el acceso a ese tipo de contenidos.

También suelen permitir que los padres añadan otras páginas como prohibidas especificando la dirección, son las llamadas listas prohibidas o negras; y a veces permiten también especificar una lista de webs permitidas independientemente del contenido, llamadas también listas blancas. Así podemos liberar a nuestros de  “la censura” en determinados casos.

Esta solución es la más habitual y que nadie se eche las manos a la cabeza. Hasta aquí estamos prohibiendo el acceso a determinados contenidos de Internet, igual que con una película para mayores de trece o dieciocho años mandamos a nuestros hijos a la cama. Nadie está violando su intimidad, ni leyendo sus emails o las conversaciones con sus amigos o su novi@. Estamos por tanto respetando sus derechos y su intimidad hasta el nivel máximo. Sin embargo, no es la solución más completa. Todavía podemos dar un paso más respetando completamente su privacidad.

Sistema 3: Limitar horarios

Si combinamos la solución anterior, la de limitar el acceso a los contenidos con limitar el  tiempo que pueden acceder al ordenador o a Internet, tenemos un resultado perfecto. Muchos chavales aprovechan para jugar, chatear, leer emails o acceder a las redes sociales cuando los padres no están. A veces incluso cuando todos se han ido a dormir, se dedican a ello en su cuarto hasta altas horas de la noche.

Personalmente nunca me ha gustado la idea de que los menores tengan televisión u ordenador en su habitación. Los expertos en estas cuestiones, muchos de ellos psicólogos, lo desaconsejan, del mismo modo que se empieza a reconocer que dibujos donde los personajes hablan sin parar y la acción transcurre atropelladamente son malos para la mente de los niños, como recientemente se ha concluido en un estudio con los dibujos animados de Bob Esponja.

Los padres no siempre están en casa y a veces los críos pueden quedar al cuidado de otras personas o de los abuelos, que suelen consentirlos demasiado. Nuestra obligación como padres es poner los medios oportunos para evitar o reducir los riesgos en la educación de nuestros hijos.

Algunos de los programas que comentaremos permiten limitar las horas en que los chavales pueden usar el ordenador, incluso podemos especificar horarios diferentes para hijos diferentes. Además es posible prohibir que inicien determinados programas o juegos fuera de horarios concretos. Podemos por tanto permitirles chatear o jugar cuando terminan los deberes o durante un máximo de tiempo diario.

No nos engañemos, nuestros hijos siempre alegarán que necesitan el ordenador para hacer los deberes, pero lo cierto es que capturar los contenidos que necesitan con las órdenes de Copiar y de Pegar, se hace en no más de media hora. Luego han de dedicar el resto del tiempo a leerse dichos contenidos y hacer el trabajo del colegio o del instituto y para eso ya no necesitan acceso a Internet, solo al navegador web.

Limitar el uso de determinados programas o juegos solo a una hora diaria o un máximo de dos en días festivos, es suficiente para que gocen de un ambiente lúdico. Eso no quita para que los premiemos si son ejemplares y les permitamos excepcionalmente que puedan jugar todo el sábado por la tarde a juegos online por ejemplo, pero siempre vigilando lo que hacen; dejando que jueguen en el comedor de casa, no en su cuarto, siempre en lugares públicos y con nosotros haciendo inspecciones periódicas (la típica ronda por la habitación para ver que todo marcha bien).

Sistema 4: El extremo

A no ser que nuestros hijos hayan tenido problemas anteriores, tengan problemas de baja autoestima, sean depresivos, no tengan amigos o suelan desobedecernos con cierta frecuencia, no se justifica llegar a este punto.

Creo que solamente casos especiales y siempre para garantizar la salud del menor justifican los controles de los que hablaremos ahora. Evidentemente si se aplican, no deberían aplicarse por tiempo indefinido. Los menores que presentan mayores riesgos de acoso en Internet o son más vulnerables, probablemente se encuentren en una mala situación emocional o psicológica y puede ser recomendable acudir a un psicólogo para que nos diga como fortalecer o apoyar al menor con la intención de reforzar su seguridad o autoestima.

Evidentemente con este sistema violamos la intimidad del menor, por lo que todavía es más importante que se siente con nosotros para que vea la información que nosotros veremos de lo que él está haciendo en el ordenador o Internet. En los casos anteriores, también deberíamos hacerlo, aunque no violemos su intimidad. En esos casos, se trataría más de una cuestión de confianza mutua, que siempre debemos cuidar en la relación con nuestros hijos.
Los programas espía o de monitorización pueden alcanzar diferentes grados de control. Algunos capturan pantallas del ordenador cada cierto tiempo, las llamadas screenshots, donde veremos lo que está haciendo el menor exactamente igual que si nos ponemos detrás de su espalda a ver lo que hace o dice por Internet.
Otros permiten capturar todas las pulsaciones del teclado que hace el chaval en el ordenador, con lo que tendremos todas las conversaciones tecleadas y grabadas, además de todas sus contraseñas. En definitiva, sabremos lo que él sabe, aunque sin la captura de las pantallas, no veremos lo que a él le envían, solo lo que él escribe.

Los hay que interceptan el correo electrónica o las conversaciones por mensajería instantánea en Internet cuando conversan con amigos o desconocidos o simplemente no permiten que hablen con personas que no estén en una lista de “fiables o confiables”, es decir, que filtran las personas con las que pueden contactar.
Respecto a las redes sociales, algunos programas capturan las conversaciones de Facebook, MySpace, Tuenti, etc.
Puede incluso que incluyan opciones para enviarnos informes detallados por email. Evidentemente pueden activarse solo algunas de las opciones. Por ejemplo, podemos capturar el contenido de la pantalla cada cinco minutos con la intención de saber qué hace, más oportuno siempre que estar a la escucha de todo lo que dice o escribe. Existen pues grados aquí también.

Si hemos de llegar al empleo de este tipo de programas, es porque ya no confiamos en nuestros hijos o la capacidad que tienen para discernir los peligros del mundo exterior, o porque simplemente creemos que no sabrán valerse por sí mismos. Si llegamos a este extremo, es que no hemos estado educando a nuestros hijos ni dedicándoles el tiempo necesario para reforzar su conducta, su autoestima o su valía. Puede haber casos en los que se justifique, pero en general, si hemos llegado aquí, es que no hicimos bien nuestro trabajo anteriormente, el de educarlos.

Otras consideraciones

Algunos padres me han comentado que controlarlos en casa no sirve de nada, porque pueden conectarse en casa de los amigos. Eso no es cierto, las estadísticas indican que el 90% del tiempo que los nuestros hijos se conectan a Internet, lo hacen desde los ordenadores del hogar. Así que podemos saber lo que hacen y enseñarles a emplear debidamente las tecnologías. Limitar lo que ven y el tiempo de uso, puede evitar que se enganchen demasiado al ordenador.
Los niños que dedican demasiado tiempo al ordenador, luego tienen mayores problemas para relacionarse con el mundo exterior, y hasta que en el futuro, se inventen “cuerpos teledirigidos” que enviemos a trabajar en nuestro lugar, las personas tenemos que seguir moviéndonos y relacionándonos en el mundo exterior. De eso depende nuestra subsistencia y nuestra carrera profesional.

Nunca debemos instalar sistemas de control parental en los ordenadores sin que lo sepan. Ellos deben saber lo que vemos. Es cierto que a veces eso puede permitirles evadirse de algún sistema de protección, pero entonces estarán abusando de nuestra confianza y se expondrán a mayores restricciones. Sin confianza mutua, ¿qué padre daría libertad a sus hijos?

Por otro lado, hoy en día los chavales no necesitan quedar en casa de nadie para hacer los trabajos, pues pueden hablar con su compañero de trabajo con unos cascos y un micrófono. Existen herramientas para compartir documentos, incluso para que dos personas puedan modificarlos desde su casa a la vez, y cada uno desde su propio ordenador. Se llaman entornos colaborativos. Así que si tu hijo siempre está en casa de su amigo, probablemente no trabaja tanto como dice.

Si se acostumbran a tener un tiempo limitado para jugar o conversar con los amigos, aprenderán a emplear su tiempo de forma productiva e útil y no perderlo tontamente. No hablarán de chorradas, y se centrarán en aquello que les de valor. Se relacionarán con los amigos que más aprecian.

Está comprobado que navegar por Internet es como ir en coche. Si usted hace un viaje de media hora, tiene menos probabilidad de sufrir un accidente que si conduce durante cuatro horas seguidas. Su atención y sus reflejos disminuyen en esos trayectos tan largos y los de su hijo también. Observar unas normas es más fácil si se siguen por tiempo limitado. Estarán más alerta así que si conversan a las cuatro de la mañana con personas a las que no conocen, en un estado quizás de somnolencia y donde pueden contar “demasiado” de sí mismos.

Algunas aplicaciones permiten a los padres dar tickets a los menores como premio por su buena conducta o por cumplir con sus obligaciones familiares o de estudio, de modo que puntualmente los chavales pueden tener un mayor acceso a Internet (más tiempo).
Nunca olvide que los padres no somos amigos de nuestros hijos. Amigos ya tienen, si nosotros dejamos de ser padres para ser amigos, ¿quién hace el trabajo sucio? Es lo que pasa a veces cuando dos cónyuges se divorcian y empiezan a malcriar a los niños, nadie quiere ser el malo. Pero ser padre implica unas responsabilidades que a veces nuestros hijos entienden y otras no, y los abuelos, no son quienes deben educarlos. Somos nosotros, aunque a veces tengamos que ejercer de ogros y sea una profesión mal pagada y peor valorada.

Solamente cuando les toque a ellos, cerrarán el círculo y entonces entenderán mejor a sus padres. Hasta entonces no espere empatía alguna (situarse en el lugar del otro). En algunos colegios se divide a los niños en dos grupos, el de los padres y el de los hijos y se hace a los primeros responsables de lo que les suceda a los segundos. A mitad del curso se cambian las tornas y así los chavales vislumbran que ser padre o ser responsable de otro no es divertido ni fácil.