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Control parental

Dados los riesgos a los que están sometidos nuestros hijos en Internet, los padres cada vez nos preguntamos más qué es lo que podemos hacer para reducirlos o tenerlos bajo control. Lo primero que tenemos que tener claro, es que las soluciones perfectas no existen, pero tampoco podemos cerrar los ojos y mirar hacia otra parte esperando que no suceda nada.

Nuestros hijos navegan accediendo a foros, chats, artículos, videos, redes sociales y en todos los casos querremos limitar los contenidos a los que acceden, las búsquedas que realizan, las personas con las que se relacionan y la información que dan sobre ellos mismos o sobre las personas cercanas.

No solo la privacidad y seguridad de nuestros hijos puede estar en riesgo si dicen lo que no deben, sino también la del resto de la familia.

Cuando hablamos de control parental me estoy refiriendo a las herramientas o aplicaciones que nos permiten bloquear o limitar el acceso a determinados contenidos en Internet  y vigilar  las actividades que se realizan en los ordenadores que emplean nuestros hijos.
   
La mayoría de las soluciones disponibles en Internet son de pago, aunque existen algunas que son gratuitas o que al menos permiten probar primero la aplicación para ver si cumple con nuestras expectativas. Las hay que funcionan sobre la base de un pago reducido mensual, mientras que otras permiten la compra del programa y su uso de por vida mediante un único pago. También existen herramientas de las propias operadoras como ONO, Orange, France Telecom o Telefónica que pueden ayudarnos a controlar lo que nuestros hijos ven.

Existen herramientas especializadas dedicadas solo a esto y también suites o paquetes de protección que engloban el control parental, el antivirus, firewall y demás herramientas para proteger el ordenador de programas malintencionados y de los hackers.

No basta con que el fabricante del software nos diga que los niños o adolescentes están seguros. Según un informe de la Unión Europea, nuestros chavales han aprendido a saltarse estos sistemas de seguridad cuando no son bien aplicados por parte de los padres o si la aplicación de control que hemos adquirido está pobremente programada. Por no hablar del hecho de que si un menor detecta dicho fallo y aprende a saltarse esa limitación, pronto lo publicará en Internet y todos sabrán hacerlo.

Además, no todas las aplicaciones proporcionan las mismas herramientas de control ni disponen de todas las características recomendables. Al oír esto, los padres rápidamente empiezan a preguntarse si pueden bloquear páginas concretas, si es posible limitar el acceso a ciertos blogs o bitácoras, si pueden evitar la recepción o acceso a emails potencialmente peligrosos o perniciosos, si pueden prohibir contenidos de determinado tipo como el sexual, pornográfico o pedófilo, si podrán limitar el tiempo que sus hijos acceden a Internet, o detectar los contenidos potencialmente dañinos de los comentarios que hacen o reciben de supuestos amigos, porque naturalmente, y ya lo hemos dicho, no todos los programas hacen lo mismo, ni ofrecen las mismas prestaciones.

No se trata de buscar las herramientas más cómodas o sencillas si no son lo bastante completas, sino de aquellas que realmente nos permitan cubrir nuestras necesidades y dar la máxima cobertura de seguridad a nuestros hijos.

El informe marco EUKidsOnline de la Unión Europea muestra que estos programas permiten evitar sitios web concretos, pero que no son tan fiables cuando se trata de controlar lo que se dice por mensajería instantánea o en redes sociales por parte de nuestros hijos o sus amigos.

Evidentemente estos programas no cubren el ámbito de los teléfonos móviles o de las consolas de videojuegos que también proporcionan acceso a Internet. Existen aplicaciones para móviles, pero no es el ámbito del presente artículo tratar de ellas.

Las aplicaciones más sencillas permiten filtrar los contenidos prohibiendo que en los mismos aparezcan ciertas palabras, como puedan ser sexo, pene, coito, etc. También permiten prohibir el acceso a páginas web concretas, incluso algunas herramientas disponen de una lista de páginas web a las que prohíben el acceso por defecto, y la lista va creciendo poco a poco. Pero lo que de verdad nos interesa es que el programa sea capaz de manera “inteligente” de reconocer contenidos peligrosos o de limitar los riesgos de las conversaciones que nuestros hijos mantienen con terceros, a veces, desconocidos, que mienten cuando dan su edad o se identifican.

Aplicaciones que se instalan en el navegador web y filtran las páginas a las que nuestros hijos quieren acceder hay muchas. En ocasiones dichos filtros solo sirven para un navegador concreto. Eso quiere decir que si el filtro está activo en el Internet Explorer o en Firefox y nuestro hijo emplea para navegar el Safari, Opera o Google Chrome, la protección no servirá de nada. Es conveniente que sirva para todos los navegadores que tengamos instalados. Y para evitar que nuestros hijos instalen otros navegadores por su cuenta, no deberíamos darles la clave del administrador con el fin de que no instalen programas sin nuestro permiso.

Este tipo de filtros pueden disponer de listas negras, donde se indican las páginas web prohibidas, con lo que nuestro hijo gozará de acceso a todas las páginas que no estén en la citada lista; o de listas blancas, que indican las páginas permitidas, quedando prohibidas todas las webs que no estén expresamente indicadas. En ocasiones se combinan ambas protecciones y se añaden mecanismos para descartar o marcar como peligrosas páginas con palabras no aconsejables para los menores y que identifican contenidos prohibidos. Se trata pues, de añadir técnicas que doten al programa de inteligencia cuando encuentre páginas no catalogadas (ni permitidas expresamente, ni prohibidas).

Algunos de estos programas sirven también para que nuestros hijos no puedan acceder a la web, a la mensajería instantánea o a las redes sociales. En estos casos estamos limitando el acceso a Internet en alguno de sus aspectos. Podemos permitirles por ejemplo el acceso al navegador, pero no a las redes sociales.

Los hay que no permiten la ejecución o puesta en marcha de determinados programas, como los de mensajería instantánea y donde podemos indicar o elegir entre una larga lista de programas que no queremos que nuestros hijos puedan utilizar nunca o fuera de determinados horarios (con presencia nuestra).

Hace algo tiempo y  todavía existen, se pensó en la idea de que la página web etiquetara sus propios contenidos en categorías. Así cuando el navegador accedía a un sitio en Internet, era la propia página web la que le  indicaba el tiempo de contenido que contenía, y si el navegador estaba configurado para emplearse por menores, prohibía el acceso a la página en cuestión si lo consideraba oportuno. Un ejemplo es el sistema de etiquetas ICRA.

Aunque la idea es perfecta, lo cierto es que existen millones de páginas en Internet que no han sido etiquetadas ni catalogadas, lo que hace que siga siendo necesario disponer de otras herramientas capaces de valorar si el contenido es apropiado o no para el menor.

El control de tiempo es fundamental para evitar que dediquen demasiado tiempo al ordenador, que lo hagan cuando no estamos o cuando no podemos controlarlos (de noche).

También existen navegadores específicos para niños que limitan mucho los contenidos a los que pueden acceder. Para empezar puede estar muy bien, pero posteriormente cuando comienzan a tener la necesidad de hacer trabajos del colegio, comunicarse con sus compañeros, acceder a contenidos más variados o acceder a las redes sociales, necesitan otro tipo de control.

Algunas de las herramientas existentes permiten capturar las pantallas que nuestros hijos ven al navegar por Internet, o lo que escriben en sus emails, chats, foros o redes sociales. Son funciones principalmente de programas espía. Los hay que toman nota de los programas usados, del tiempo que han sido empleados y de las páginas o servidores accedidos en Internet. Deberíamos usarlos con sumo cuidado, porque nuestros hijos son personas y tienen derecho a su intimidad. Es difícil a veces lograr el equilibrio entre seguridad y privacidad.

Existen suites o paquetes de herramientas que pueden incluso prohibir la descarga ilegal de videos y música para evitar posibles demandas legales contra los progenitores.

Algunos de los navegadores web más conocidos incluyen ciertas herramientas de seguridad, pero no se aplican al resto de navegadores y no parece tener mucho sentido mantener una configuración por cada tipo de navegador, por no hablar de que los mismos se actualizan continuamente. Es preferible para eso emplear los programas que nos proporcionan los operadores de telecomunicaciones que nos prestan el servicio de ADSL; o bien emplear el sistema de control parental del sistema operativo, o instalar una herramienta genérica desde donde podamos controlar la configuración de navegación de Internet para todos los casos. Si no existe centralización difícilmente podremos ejercer un control eficiente y asegurarnos de no haber cometido fallos o dejado resquicios que nuestros hijos en su afán de libertad, puedan aprovechar.

En otro artículo conoceremos con detalle algunas de estas herramientas.

En cualquier caso, si decidimos instalar alguna de estas herramientas, debemos conocer las necesidades y usos habituales que nuestros hijos hacen del PC para no dificultarles su uso más de lo necesario. Y también deberíamos decirles las razones por las que lo hacemos y qué datos o información de lo que hacen quedan registrados. Se trata de que conozcan las limitaciones que se van a aplicar, las causas, y que puedan negociarlas para sentirse lo más a gusto con ellas que sea posible.

Es recomendable que seleccionemos herramientas que además de actuar cuando sea necesario, avisen a nuestros hijos de los riesgos, les digan porqué no les permiten el acceso a determinado sitio o le informen de la situación, para que sirva de proceso de aprendizaje.

Nunca es una buena idea instalar sistemas de control parental sin avisar a nuestros hijos, sin explicarles las razones, y sin decirles qué es lo que estamos vigilando y qué cosas son las que hace la aplicación de control parental. Si queremos contar con la plena colaboración de nuestros hijos es importante que les digamos la verdad y que sepan qué actividades deseamos vigilar y qué información quedará registrada.