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Consejos básicos para proteger a nuestros hijos en Internet

Hace algún tiempo conocí a un adolescente al que le gustaba correr con su moto. Su padre le compró el mejor casco que pudo encontrar junto a una chaqueta que amortiguaba los daños en caso de accidente y también se aseguró de que la moto tuviera los mejores frenos de disco.

Iba bien protegido, pero de nada le sirvió cuando se mató a 150 km/h contra un muro tras perder el  control en una curva. El accidente se produjo en las peores circunstancias y sin ninguna medida capaz de amortiguar la fuerza del impacto. A esa velocidad, el casco, la chaqueta y demás elementos protectores simplemente no pudieron hacer nada por él.

Todos estamos de acuerdo en que prevenir el accidente y las causas que lo produjeron hubiera sido la mejor opción. Pero también podrían haberse dado otras medidas de seguridad o estrategias adicionales para mitigar el daño. Esas barreras de seguridad habrían ido cayendo una tras otra reduciendo la probabilidad de muerte. Por ejemplo, podía haberse limitado la velocidad máxima de la moto o su aceleración.

Los padres deseamos ser amigos de nuestros hijos, pero ellos ya tienen amigos, normalmente más de los que desearíamos (y no siempre los que más nos gustarían). Sin embargo, solo tienen un padre y una madre, y si nosotros no ejercemos dicha función, nadie más lo hará. No nos equivoquemos, el papel de controlar donde están y qué hacen, es nuestro. Está claro que es un rol que no nos resulta divertido, nos gustaría poder malcriarlos como hacen los abuelos o sus tíos, pero entonces, ¿quién les enseñaría a tener sentido común y a asumir las consecuencias de un error?

La mejor forma de evitar que corran riesgos innecesarios no es controlar lo que hacen, pues si tenemos que llegar a ese punto, algo previamente se ha hecho mal. Todas las medidas son necesarias, pero lo ideal es que las primeras alarmas salten antes de que el riesgo haya existido o el daño se haya producido. La primera fase es la de educar y prevenir.

Permitir a nuestros hijos que pasen horas en Internet conectados con su portátil en su habitación, está claramente desaconsejado. Cuando los menores interactúan un breve lapso de tiempo en las redes sociales o conversan, no suelen cometer errores. Conforme las conversaciones se alargan o se tontea más, terminan por bajar la guardia y por olvidar las normas y consejos que se les dieron. Así que cuanto más tiempo pasen conectados en la soledad de su habitación, existen más posibilidades de que “los cacen” por estar más confiados. Se sienten cómodos y seguros en su habitación y trasladan esa confianza a lo que dicen, sin darse cuenta de que Internet no forma parte de su habitación ni del entorno seguro que ven al alzar la vista de la pantalla.

Por ello, no deberíamos permitir que se conectaran fuera de lugares comunes como el comedor o el estudio. Con menores, desaconsejo wifi en las viviendas; o dejo como responsabilidad de los adultos, el evitar que sus hijos puedan conectarse a Internet desde ordenadores ubicados fuera de estas estancias. Esto puede hacerse diciendo al router wifi que no permita conexiones a Internet desde los ordenadores que tienen determinada MAC o código de identificación.

Si el ordenador o medio de comunicación con Internet es común a toda la familia, habrán de usarlo por turnos y darán prioridad a lo obligatorio frente al ocio, lo que no dejará mucho tiempo para relacionarse con desconocidos o perder el tiempo conversando en chats y foros dudosos.

Tampoco deberíamos permitir que el ordenador con conexión a Internet tuviera webcam, o en todo caso, su utilización debería depender de una contraseña. Nuestros hijos no deben ser capaces de instalar programas en ese ordenador, ni de tocar la configuración del antivirus o del firewall. Esas cuestiones debemos llevarlas a cabo nosotros como padres responsables y jamás daremos a nuestros hijos permisos de administrador o privilegio alguno para que puedan hacerlo ellos. No en ese equipo. Ese ordenador u ordenadores deben estar bajo nuestro control.

También deberíamos enseñar a nuestros hijos a emplear contraseñas complejas. En Internet existen webs que permiten probar contraseñas para ver lo fáciles o difíciles que son de atacar. Deberíamos enseñarles a no introducir sus claves en ordenadores de amigos, ni en equipos informáticos o de acceso a Internet que no sean los de casa o tengan conocimiento de que están bien protegidos. Existen programas que permiten almacenar contraseñas de todas las webs, chats, foros o redes sociales que empleamos habitualmente para que nadie pueda descubrirlas. Nuestros hijos no deberían apuntar sus contraseñas en papel alguno. Herramientas gratuitas como KeePass o PasswordSafe cumplen perfectamente esta función y protegen su intimidad.

En Internet, no se deben dar datos personales a nadie, ni propios ni ajenos. Ya es malo que puedan utilizarlos contra nosotros, como para encima causar daños a terceros por haber contado algo que nos había sido revelado en confianza.

Las horas de acceso a Internet deben estar limitadas y haber sido acordadas previamente con los hijos. Es recomendable que se conecten cuando alguien pueda supervisarlos. Si se conectan en su cuarto difícilmente verán con buenos ojos que entremos a ver lo que hacen; pero si están en el comedor, es zona pública, y nada nos cuesta pasarnos a ver cómo marchan esos deberes, o quién es ese amigo con el que conversa por mensajería instantánea y que tanto le hace reír.

Está claro que no podemos censurar completamente el acceso a Internet, pues se convertirían en analfabetos digitales, pero quizás si podamos censurar el acceso durante los primeros años. Es verdad que según las estadísticas del INE el 85% de los niños de entre diez y quince años se conecta a Internet, pero también es cierto, que cada vez más padres deciden que sus hijos no accedan a Internet hasta haber realizado un pequeños proceso formativo al respecto o hasta que alcanzan un mínimo de edad, que normalmente está en torno a 13 o 14 años. Antes de esa edad, solamente tienen acceso a Internet con los padres sentados al lado, quienes realizan un seguimiento y advierten de los peligros a los menores.

Para que los más pequeños comiencen sus escarceos en Internet en un entorno seguro, también existen navegadores web para ellos que solo dejan acceso a contenidos muy concretos. Es casi como una pequeña red, controlada específicamente por organizaciones que pretenden garantizar su seguridad. Puede ser un buen inicio, pero controlado. En estos casos por tanto, no dejaremos que el menor emplee para navegar los navegadores tradicionales como Firefox, Internet Explorer, Chrome, Safari, Amaya, Opera, Konqueror ni ningún otro con acceso pleno a La Red.

También es recomendable enseñar a nuestros hijos a pasar programas anti spyware en su ordenador, a aplicar actualizaciones del sistema operativo en su portátil, a emplear el antivirus para escanear el equipo, a iniciar sesión en el ordenador con una clave y no dejar que otros puedan conectarse o emplearlo libremente o por descuido.

Instale un programa que le permita saber a qué webs acceden sus hijos. No deje que almacene en el ordenador con acceso a Internet datos personales, fotos, emails, etcétera que puedan causarle problemas con otras personas o ser mal interpretados. Del mismo modo, no permita que nadie de la familia almacene información valiosa en dicho ordenador más tiempo del estrictamente necesario. Y si lo hacen, que la guarden cifrada. Existen multitud de programas gratuitos para hacer esto como Axcrypt o Veracrypt. Piense que si el ordenador resulta infectado todos sus archivos y datos podrían ser publicados en Internet.

Sobretodo es necesario que le recalque que no debe enviar información ni decir nada por Internet que no les diría directamente “a la cara” a las personas afectadas. Muchas veces nuestros hijos tienen como amigos a personas que a su vez pueden tener de amigos a personas que ellos detestan, por lo que un comentario en la red social puede dar toda la vuelta necesaria hasta llegar a quien no debía hacerlo. No deberían almacenar información privada en las redes sociales.

Según el documento “Guía sobre las redes sociales, menores de edad y privacidad en la red” que puede encontrarse en nuestra sección "Guías y Manuales" del Menú de "Materiales Online":

Toda red social se fundamenta en la “teoría de los seis grados de separación” propuesta por el húngaro Frigyes Karinthy en 1929, por la que cualquier individuo puede estar conectado con otra persona en el planeta a través de una cadena de conocidos que no supera en más de seis el número intermediarios.

Recientemente, Duncan J.Watts7, de la Universidad de Columbia, ha realizado el envío masivo de un correo electrónico a nivel mundial, comprobando que la teoría de Frigyes era correcta y también aplicable al medio online.

Esto quiere decir que cuando enviamos un bulo, una mentira o contamos algo privado de alguien, está a solo seis pasos de saberlo. Y normalmente los primeros dos o tres pasos son inmediatos. Por tanto, la probabilidad de que alguien se entere de algo que hemos dicho sobre ella en Internet o en las redes sociales es altísima.

Todos sabemos que aplicaciones como Google Docs o DropBox sin ir más lejos nos permiten dejar nuestros datos y documentos en Internet, para no llevarlos encima y tenerlos siempre disponibles, pero hemos de tener mucho cuidado con lo que dejamos allí. Ya que acceder desde un ordenador infectado por virus, troyanos o programas malintencionados podría permitir que otras personas conocieran las claves de acceso con las que guardamos todos nuestros archivos. Puede ser como abrir la Caja de Pandora: toda nuestra vida al descubierto gracias a una clave. Tal vez sea más interesante emplear un lápiz USB cifrado con algún software gratuito como TrueCrypt o su sucesor, Veracrypt.

Existen también herramientas de control parental, que aunque no son milagrosas, le pueden servir para limitar las horas de conexión a Internet, restringir el acceso a determinados contenidos o denegar el acceso a algunos servicios de Internet. Algunas de ellas son gratuitas.

No olvide que si usted desea enseñar a sus hijos a moverse en Internet con seguridad, primero debe aprender a moverse en dicho entorno, sino puede trasladar sus errores o desconocimiento a sus hijos. ¿Qué les dirá cuando le pregunten algo que no sepa? Recuerde que es importante ser franco y que necesitará aprender lo que no sabe para responder sus preguntas.

Del mismo modo tiene que dedicar tiempo a conocer las inquietudes de sus hijos en Internet. Por ejemplo, si les gusta la música busque con ellos sitios, foros o grupos sociales que se dediquen a ello. Se trata de participar con ellos mientras vigila lo que hacen y los corrige en su manera de proceder en un entorno relajado, sin imposiciones.

No olvide dejar claras las normas sobre el acceso al ordenador e Internet para toda la familia. No tienen porqué ser inamovibles e inmutables, pueden ir adaptándose con el tiempo, pero siempre deben ser respetadas y negociadas (dentro de ciertos límites).

Enséñeles básicamente que deben comportarse en Internet del mismo modo que si la persona con la que hablaran estuviera presente, con educación, evitando situaciones desagradables, no entrando en provocaciones y si la conversación sube de tono, que aprendan a cortarla educadamente y a desconectarse de ella.

Para lo más pequeños, hasta los doce años aproximadamente, déjeles experimentar lo que es Internet mediante navegadores web creados exclusivamente para la infancia. Navegue siempre con ellos. Conozca las claves de acceso de los sitios a los que se conectan. Recuérdeles constantemente que antes de hacer nada se lo pregunten, que no se fíen en comentarios vagos o de compañeros o amigos de la clase.

En la adolescencia enséñeles a practicar la empatía, que no hagan nada que no les gustaría sufrir en sus propias carnes. Aprovecharse del débil, abusar del que no puede identificarte o defenderse, ser agresivo o mentir son actuaciones que deben descartarse. Por último, y muy importante explíqueles que es la privacidad y como puede emplearse contra ellos. Póngales ejemplos de situaciones concretas, comente con ellos casos reales, no imagine situaciones, los casos reales son normalmente más impactantes.

Deben aprender a contrastar lo que se dice en Internet, pues en pocos medios se extienden más aprisa las noticias y son más destructivas. En ocasiones la información falsa redunda en ataques o amenazas contra personas inocentes. Por eso deben aprender a emplear el anonimato y no dar a cualquiera su teléfono, dirección, email o nombre verdaderos. Para nuevos contactos, pueden emplear un usuario o email que no se asocie directamente con ellos.

Conozco padres que se han abierto una cuenta en Facebook y Tuenti, han obligado a sus hijos a incluirlos como amigos y vigilan de cerca lo que dicen y las personas con las que se relacionan. Llegaron a un acuerdo con sus hijos para hacerlo durante los primeros seis meses con el fin de enseñarle los riesgos de lo que decía o hacía. Eso sí, se comprometieron a decirle personalmente lo que no vieran bien para no “humillarlo” delante de sus amigos y los padres se dieron de alta con nombres inventados para que los amigos del chico no se rieran de él.

Nadie mejor que usted conoce a su hijo. Dedique tiempo a conocer su estado de ánimo y si le nota ausente o preocupado incremente la dedicación que le presta durante algún tiempo. Cerciórese de que está bien. Muchos padres no interfieren en la vida de sus hijos por “exceso de respeto”, para hacerlo posteriormente cuando es demasiado tarde y entonces invaden su vida privada violando su intimidad hasta niveles que podrían haberse evitado y exigiéndoles información exhaustiva de todos sus actos lo que hace sentirse a los menores realmente mal, como un libro abierto, sin secretos y sin derechos, y eso después de la presión a la que se han visto sometidos por los acosadores.

Si su hijo tiene la autoestima baja, es inseguro, inmaduro o tímido tiene muchos puntos a su favor para convertirse en víctima, por lo que requerirá una mayor vigilancia.

Tampoco olvide recordarles a sus hijos “que son lo mejor de su vida” y que “pase lo que pase y suceda lo que suceda nunca dejarán de quererlos”. Esto es importante que lo sepan, porque cuando las cosas se tuercen, los menores intentan salir del atolladero por ellos mismos con el fin de que no cambiemos la opinión que tenemos de ellos o de no defraudarnos y eso muchas veces conduce a situaciones peores o la fatalidad en el peor de los casos.

En caso de que su hijo o hija se vea acosado en Internet o amenazado de alguna manera, recuérdele que no borre nada de lo que haya recibido. Toda esa información facilitará posterior a la policía la indagación de los hechos y la localización del acosador. No se deben destruir emails, fotos, videos, mensajes de texto, etc.

En caso de que el acoso se haya producido en el centro escolar o por compañeros del centro a través de Internet, debe advertirlo inmediatamente a la escuela, el director, el jefe de estudios y el director del centro. Ellos podrán así contactar con los padres de los agresores para que tomen medidas al respecto. Posteriormente informe debidamente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que inicien las diligencias oportunas.