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A qué peligros están sometidos nuestros hijos en Internet

La mayoría de los padres desconocemos el tiempo que realmente pasan nuestros hijos conectados a Internet. Pensamos que solo se conectan en el estudio o en el comedor de casa un rato cada día, pero no tenemos en cuenta las conexiones que hacen con las videoconsolas, con los móviles, las horas que dedican en casa de otros compañeros o amigos, el uso que hacen en las aulas de acceso libre de colegios o bibliotecas o las horas que dedican antes de irse a dormir con el portátil y la red inalámbrica que tenemos en casa para poder conectarnos desde cualquier habitación. Al final el cómputo total de horas es importante y como demuestran las estadísticas, creciente.

Internet ha avanzado mucho y los contenidos que ofrece también. Hemos pasado de una red de velocidad lenta, centrada en datos y texto, a otra cargada de interacciones entre personas y de contenido multimedia.

Es cierto que es una herramienta poderosa y nuestros hijos la utilizan para completar su formación y hacer los deberes: traductores, diccionarios, atlas, fotos, enciclopedias, publicaciones, tutoriales, etc. También es verdad que gracias a los contactos por Internet pueden conocer a personas con los mismos intereses o gustos y que pueden encontrar soluciones a problemas o colaborar entre varios compañeros sin necesidad de reunirse en la casa de alguno de ellos.

Tanta facilidad para comunicarse y relacionarse por parte de nuestros hijos,  normalmente nos preocupa. La mayoría de nosotros pensamos en primer lugar en los riesgos de que nuestros hijos contacten con extraños por Internet, pero en ocasiones el acoso entre menores es mucho más peligroso. La mayoría de estos contactos se realizan a través de aplicaciones de mensajería instantánea o redes sociales.

Los padres estamos preocupados por los riesgos a los que se ven sometidos nuestros hijos, pero el 56% de los jóvenes dice no haber recibido formación de tipo alguno para enfrentarse a ellos por parte de sus padres. Somos conscientes de que en Internet hay mucha información inapropiada, que puede dañar la sensibilidad o sentimientos de los menores. En muchos lugares se fomenta la violencia, el racismo, la anorexia, la bulimia o se produce el acoso sexual y la pornografía infantil. Pero la brecha digital existe y muchos padres no saben cómo proteger a sus hijos en Internet, simplemente porque estos peligros no existían cuando ellos eran adolescentes o al menos no de la forma ni con la intensidad que tienen lugar ahora.

Uno de los principales riesgos de Internet es que es muy difícil tener la certeza de que no nos están mintiendo. Para empezar los propios menores mienten sobre su edad en La Red a la hora de acceder a servicios y contenidos específicos para adultos. Un estudio dice que el 27%  de los adolescentes españoles miente para conseguir acceder a estos servicios. Del mismo modo, se estima que sobre el 16% de los menores europeos miente también sobre su edad. Concretamente España, Dinamarca, Irlanda y Chipre son los lugares donde los adolescentes más mienten sobre este asunto. Por eso es recomendable antes de comenzar la amistad con un extraño, pedirle un dato de contacto como la dirección o el teléfono que nos permitiría darnos cuenta de si sus intenciones son honestas.

Muchas personas emplean nicks o pseudónimos para establecer contactos, pero no sabemos con quien estamos hablando realmente. La mayoría de las personas tienen más de un nick o perfil en Internet. Existen adultos que se hacen pasar por adolescentes en chats, foros o redes sociales. A veces se ofrecen a quedar posteriormente con el menor, procuran acrecentar su confianza hasta que finalmente se hacen con datos personales o confidenciales con los que coaccionar a sus víctimas y adentrarse más en su intimidad o en su vida personal.

Entre los riesgos a los que podemos ver sometidos a nuestros hijos en Internet están:

  • Grooming: Es el acoso ejercido por un adulto con la intención de establecer una relación con un niño o adolescente para posteriormente abusar sexualmente del menor.
  • Ciberbulling o ciberacoso: Es una conducta que se ejerce sobre otros iguales. Los menores realizan chantajes, vejaciones e insultos contra otros menores. Normalmente el daño se ejerce por parte de compañeros de colegio o instituto u otras personas con las que se relacionan día a día.
  • Sexting: Consiste en el envío de contenidos de tipo sexual (principalmente fotografías y/o vídeos) producidos generalmente por el propio remitente, a otras personas, por medio de teléfonos móviles. Dichos contenidos terminan por ser utilizados con otros fines y contra la propia persona que inicialmente los envió.

Si pensamos que los adolescentes son lo bastante fuertes para soportar estas presiones, nos equivocamos. En el caso del grooming las agresiones se suceden contra menores de corta edad, a partir de los trece años y lo mismo sucede con el ciberacoso. No hablamos de menores de diecisiete años, sino de adolescentes o preadolescentes, que no sabrán qué hacer en estas situaciones y cuando todavía les faltan unos años para formar su carácter.

Internet propaga la información hasta límites y lugares insospechados, por lo que se ha convertido en un lugar perfecto para vengarse y publicar datos privados o íntimos de personas a las que odiamos, sobre nuestra ex pareja, sobre aquel profesor que nos humilló en clase o sobre esa chica que nos rechazó mientras decidía liarse con otro chico. El resultado es que con un video, una grabación, un mensaje de texto o un email es facilísimo arruinarle la vida a amigos, enemigos y conocidos.

Por si fuera poco, en La Red se están alcanzando niveles de crueldad extremos. En el colegio, frente a frente, siempre estaban aquellos que le decían al “macarra” de la clase que dejara ya a la persona que resultaba vapuleada o maltratada emocionalmente, porque podíamos verlo y ser conscientes del daño infligido. Pero en Internet, por mucho que se machaque a la víctima no puede verse el rostro de su dolor o el verdadero daño que le hacemos, con lo que los agresores suelen continuar hasta que se produce la fatalidad.

A veces el agresor se hace con los datos de la cuenta del menor y se hace pasar por éste, entonces se dedica a hacer tanto daño como puede a los amigos y compañeros de la víctima sin que éste lo sepa, con todas las consecuencias que después se derivarán. Los menores desconocen cómo proteger sus datos, sus contraseñas y todo aquello que los identifica, y una vez el agresor tiene acceso a los contactos  del menor (agenda) y puede visualizar los datos íntimos, fotos, emails o comentarios de sus amigos, puede emplearlos también para hacerles daño o herir a otros.

Los Grupos de Protección de Menores de la Policía y la Guardia Civil han recibido  desde noviembre a febrero del 2011 más de mil quinientas peticiones de niños, el 80% relacionadas con el ciberacoso y las usurpaciones de identidad.

Los menores temen contarles a sus padres los hechos ocurridos, empiezan a cambiar de estado de ánimo, a tener miedo, y es que los agresores terminan por ser expertos en estas lides. En el caso del acoso por parte de adultos, les da ventaja su edad y el número de víctimas a las que ya han acosado con éxito; en el caso de acoso entre menores, varios se ceban con un solo individuo, lo que también les proporciona una gran ventaja.

Los agresores emplean copias de conversaciones en foros, chats o emails de nuestros hijos, fotos con su pareja, grabaciones o videos que les hicieron sin saberlo y toda la información comprometedora que logran reunir contra ellos o contra las personas por las que nuestros hijos tienen algún tipo de sentimiento personal.

El acoso a menores puede provocar absentismo escolar, aislamiento social, disminución del rendimiento académico y otras consecuencias anímicas y de salud que pueden llevar al menor a sufrir ansiedad, estrés y otros trastornos. En los casos más extremos los menores pueden perder completamente el control de la situación al ver destruido sus relaciones con el entorno social al que pertenecen.

El 15% de los menores entre 10 y 17 años ha recibido alguna propuesta sexual y más de un tercio de los menores se ha encontrado por Internet alguna vez con pornografía, fotos, webs o videos de carácter sexual sin buscarlo.

No solo existen personas adultas o compañeros del menor que pueden hacerle daño, sino que en ocasiones el menor facilita este trabajo. En primer lugar los pederastas o las personas que quieren abusar sexualmente del menor dedican mucho tiempo a ganarse su confianza; en el caso del acoso entre menores, al tratarse de personas cercanas a sus víctimas, conocen muchos datos de ellos y les resulta fácil acceder a información privada. Averiguan las claves de sus víctimas mirando lo que teclean en el ordenador, usando algún programa para obtenerlas o grabando la secuencia con el móvil y repitiéndola después más despacio. Por otra parte, saben cuáles son las webs que visita y las costumbres que tiene pues ven a la víctima a diario.

Las Redes Sociales y la tecnología actual en Internet evolucionan muy aprisa, por lo que en ocasiones las empresas que las desarrollan cometen errores y dejan temporalmente datos de los menores, como sus fotos o su agenda de contactos al descubierto.

Normalmente estas aplicaciones que parecen sencillas de manejar tienen decenas de opciones que los menores no suelen investigar y que dejan por defecto, permitiendo que “demasiada” información quede accesible para gente totalmente desconocida.

No debemos subestimar los riesgos y los peligros a los que nuestros hijos se enfrentan cuando acceden a Internet. Lo único que juega a nuestro favor claramente es que el 90% del tiempo se conectan desde casa. Así que podemos ser responsables de hasta el 90% del tiempo del partido y es importante que lo ganemos si deseamos su bienestar.